Financieros

Ha transcurrido un larguísimo periodo de tiempo desde mi última entrada en este blog. Vuelvo a recordar que lo hace especialmente particular lo detallado de las recetas, poquísimas debo reconocer, causado por mi aversión a escribir sobre algo que no conozca en todos sus aspectos. Pues bien, ha llegado el momento de plasmar mi experiencia acumulada en la elaboración de los riquísimos financieros.

 

Financieros sin crocanti

Financieros sin crocanti

Se trata de un dulce en el que la almendra domina pero no empalaga y está especialmente indicado para esas ocasiones en las que te sobran claras de huevo y no tienes muy claro qué hacer con ellas. Si tienes mucho capricho puedes utilizar 4 huevos, separar las yemas y utilizar las claras, pero eso te obligará a hacer una crema pastelera con las 4 yemas o se te estropearán. O puede haber sido al revés, que hayas hecho una crema pastelera y te hayan sobrado 4 claras que dejarás en un frasco pequeño de cristal en la nevera bien cerrado por un par de días a la espera de hacer esta receta.

Los financieros  tienen la virtud de conservarse muy bien y poder moldearse a capricho, mejor en moldes pequeños pero también admite, con reservas que ya explicaré, algunas formas grandes para presentar como postre familiar.

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Moldes de financieros

Estos son los ingredientes y pesos aunque no indicaré para cuántas personas ni para cuántos financieros, porque dependerá de los moldes utilizados y del apetito de cada cual. Lo cierto es que tomándote un café con leche no te aguantarás sin coger dos de la caja o de la cesta.

Ingredientes:

50 g. de harina de repostería (fina). Coste 10 céntimos de euro.

50 g. de almendra en polvo (puedes triturar almendras o bien comprarla en el súper ya hecha polvo). Aproximadamente 1,10 euros porque el paquete de 125g cuesta unos 2,5 euros en el súper.

75 g. de mantequilla. Son unos 75 céntimos a unos 10 euros/kg de mantequilla. La hay más barata…

125 g. de azúcar. Otros 15 céntimos aproximadamente

4 claras de huevo. Se supone que son de huevos tamaño normal L-M, y si fueran pequeños, pondríamos 5 claras. Por darle un valor a algo que nos sobra, podríamos decir que serán unos 20 céntimos. También he visto que se vende en los supermercados unos breaks de claras de huevo. He probado y no quedan mal, aunque siempre te queda la duda del equivalente a cuántos huevos has vertido. Habrá que perfeccionar la receta indicando los mililitros de claras utilizados.

Almendras crocanti (que también se pueden conseguir en el súper) para adornar. Esto es optativo pero yo lo recomiendo porque gana mucho el financiero. Unos 10 céntimos, porque el paquete de 125 g cunde muchísimo.

Una cucharadita de café de esencia de vainilla (yo utilizo la de Vainé, por simplificar, aunque he escuchado a los chefs profesionales cómo se debe hacer con la vaina natural de la vainilla y la verdad es que debe dar aún mejor sabor).

Una pizquita de sal.

Coste total de ingredientes: 2,40 euros + 10 céntimos de energía eléctrica para el horno = 2,5 euros para unos 20 financieros, lo que da un coste por financiero de 12,5 céntimos. Creo que merece la pena hacerlos en casa.

Utensilios:

2 boles, uno de ellos grande

Espátula o cuchara grande de madera

Moldes de silicona para financieros o de otro tipo

Horno

Procedimiento:

Lo primero es pesar exactamente las cantidades de harina, de almendra en polvo, de azúcar y la pizca de sal. No hace falta moler el azúcar para que quede extrafino. Mezclamos todos los ingredientes secos en un bol hasta que que no se distingan los componentes.

En este momento conectamos el horno para precalentarlo a temperatura fuerte, de unos 200ºC. No olvides sacar la rejilla del horno y todos lo que haya en su interior porque luego será imposible tocar nada sin armar un buen zafarrancho en el rancho, y podrías incluso tener un accidente por quemaduras.

A continuación en otro bol, vertemos las claras de huevo y las montamos a punto de nieve. Cuanto más consistente quede el montado mejor, porque así ayudar a levantar más a los financieros una vez que estén en el horno. Una vez terminado el trabajo lo reservamos, a ser posible en la nevera.

En un cacito, cortamos la mantequilla en varios pedazos para fundirla más fácilmente. Evitaremos poner el fuego muy alto para no quemarla. Tardará unos minutos más pero garantizaremos un mejor sabor. Cuando esté fundida pero sin burbujear, apartaremos el cacito del fuego y le añadiremos la esencia de vainilla, removiendo bien, aunque no llegaremos a ver en ningún momento que terminan por mezclarse. Otra opción es añadir la esencia de vainilla al bol de la mezcla de harina, azúcar y almendra. Yo he probado de las dos maneras y no veo diferencia.

Dejamos templar la mantequilla fundida un par de minutos y a continuación la vertemos suavemente sobre el bol donde hemos mezclado anteriormente la harina, el azúcar y la almendra. Mezclaremos todo bien con la ayuda de una espátula firme o cuchara de madera porque la mezcla no quedará demasiado blanda ni demasiado firme. No hace falta robot, y raramente hay que meter las manos para mezclar. Es más, si te obliga a ello es que está escasa de mantequilla. Todavía estarías a tiempo de fundir unos gramos más y añadirlos.

Una vez introducida la mantequilla, es el momento de introducir las claras montadas. Lo ideal es hacerlo en un bol grande para facilitar la labor. No conviene verter todas las claras montadas de golpe, sino ir cogiendo nubes de merengue más o menos grande con la espátula y poco a poco ir introduciéndola. La primera costará mucho más que las finales, ya que lentamente la mezcla se irá ablandando y haciéndose más líquida.  Cuando se termine de introducir todas las claras montadas, la mezcla ya goteará con facilidad y por tanto se podrá verter con cierta comodidad en los moldes.

Es el momento más engorroso, el del vertido en moldes. Se puede hacer con manga pastelera, o mejor dicho, se debería hacer con manga, pero yo no tengo paciencia y siempre lo hago con cuchara, poco a poco. De esta manera, dado lo fluido de la mezcla, no es difícil que te caigan algunos churretones por los espacios entre los huecos de los moldes. Al principio no crees que vaya a ser algo grave, pero con la temperatura que coge en el horno, normalmente esos churretones acaban carbonizados y son difíciles de limpiar, incluso al estar sobre silicona, puedo confirmar que son muy difíciles de limpiar. Por tanto, recomiendo utilizar una manga para repartir la mezcla.

Lo primero es situar la rejilla del horno en la encimera o en una mesa, y encima colocar los moldes de silicona. Parece una tontería pero no es la primera vez que me he dejado la rejilla en el horno mientras se precalentaba y después he tenido que sudar y esperar (algo prohibido cuando se manejan mezclas con claras montadas a punto de nieve) a que se enfriara para poderla manejar. Tengo también que hacer algunos comentarios sobre el relleno de los moldes.  Normalmente se rellenan a dos tercios, pero a veces hay más mezcla y acabo superando ese límite. No pasa nada, salvo que en el horno tenderá a crecer demasiado y a abrirse mucho.

Una vez que hayamos distribuido la mezcla por los moldes, añadimos el crocanti por encima, y debería flotar sin problemas. En otras ocasiones he probado con moldes un poquito más grandes las láminas de almendra (que también se consiguen fácilmente en el súper) y salen unos financieros exquisitos y también muy elegantes.

Ahora viene el problema del horneado. Para cuando terminemos de colocar el crocanti encima de la mezcla vertida en los moldes, el horno tiene que estar ya a la temperatura de consigna de 200 ºC. Como   me habréis hecho caso, la introducción en el horno de la rejilla con los moldes encima no será ningún problema. Si no me habéis hecho caso, las pasaréis canutas intentando llevar los moldes de silicona al horno. Se os caerá todo y pringaréis el suelo. Hacedme caso con lo de la rejilla. Además de esta manera será abrir, introducir y cerrar, no perdiéndose temperatura en el horno.

Y aquí viene lo más complicado: averiguar cuándo estarán hechos. Calcula unos 12-15 minutos, pero dependerá del tamaño de los moldes. Cuanto más pequeños sean, más rápido se cocerán y podrás dar por finalizado el horneado. Al poco tiempo de introducirlos verás que empiezan a subir e incluso que se abren. Es buena señal. En las fotos de recetas que he visto, siempre salen sin agrietarse. Supongo que hornearán a 20ºC menos, unos 180ºC, y con algo más de tiempo. A mí me gustan agrietados porque luego al enfriarse tienden a cerrarse y el aspecto final es muy interesante. Pero es cuestión de gustos. Haciendo pruebas, conseguirás saber en tu horno, qué temperatura y tiempo es lo que te conviene. Otra cosa que me gusta también es que se tueste la superficie externa del financiero, pero sin chamuscarse, con un color dorado intenso. Esto luego ayuda a que se conserve en una caja metálica o de plástico más días, pero si los vais a comer de una sentada daría igual.

Cuando consideres que ya están bien horneados, apaga el horno, sácala la bandeja y déjalos enfriar al menos una hora, para facilitar su desmolde. Si te adelantas, en caliente, tienden a romperse, porque aún siguen encajados en el molde, sobre todo las esquinas más escondidas. Si tienes paciencia y esperas, el acabado será de profesional.

Y esto es todo. El tiempo que necesito para hacerme unos financieros es de más o menos media hora.

En otra entrada mostraré algunas variantes para utilizar moldes grandes y cómo rellenarlos. Por el momento, probad y ya me diréis.

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Plum-cake de fruta escarchada y calabaza

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Voy a publicar esta receta después de varios años de silencio mientras la iba mejorando poco a poco, a fuerza de muchos ensayos y algunos fracasos. Son muchos y muchas compañeras las que me han preguntado cómo lo hacía. Realmente su sabor en la boca es un pequeño capricho de dioses que se recuerda durante horas, mientras lo vuelves a paladear y sentir en la nariz, y durante días al recordar la delicia de tenerlo delante de la mesa, junto al café con leche. Los comentarios que hago son extensos porque creo que hay que describir con pelos y señales todo. Es algo que siempre hecho en falta en otros recetarios, que suelen dar por conocidos muchos trucos y situaciones.

Bueno, no seguiré dándome más cera, no sea que empiece a arder…En primer lugar, quiero hacer saber a quien se anime, que debe tomárselo con mucha calma. Esta receta no se puede hacer en poco tiempo, sobre todo en cuanto a preparativos. El más importante, el puré de calabaza se convierte en la piedra angular. No vale cualquiera, tienen que utilizarse calabazas de asar, las que son muy duras al recogerlas de la plantación o del mercado (es difícil de encontrar en mercados pequeños o en supermercados de barrio). Por eso, si la consigues, cómprate unas cuantas y prepara el puré como te voy a contar ahora. Seguro que te va a sobrar, pero no pasa nada. Se puede congelar y utilizar en el futuro, y entonces sí que te parecerá coser y cantar la ejecución de la receta, una vez eliminada la tarea más penosa y lenta de la obtención del puré. Yo que tengo huerta y cosecho mis propias calabazas de asar, también realizo el mismo procedimiento de preparar el puré con tiempo y congelarlo. Ahora mismo tengo en el arcón congelador 5 ó 6 tarrinas de la cosecha de 2011 y sigue dándome las mismas satisfacciones que a primeros de 2012. La cosecha de calabazas se recoge en octubre-noviembre, y mientras no haya heladas, la calabaza se puede conservar sin tratar en tu almacén, armario o donde creas conveniente. Si la temperatura baja de 12ºC entonces aparece un gran peligro de ataque por hongos que se “comen” literalmente la carne de la calabaza dejándola totalmente inservible. Si observas que tiene algún punto de ataque de hongos, es el momento de actuar, recortando lo que esté dañado y actuar como te cuento a continuación.

Cómo hacer el puré de calabaza de asar.

En primer lugar tengo que insistir en que no se necesita nada de agua. Lo mejor es asarlas en el horno. Para ello, con mucho cuidado porque es peligroso por la dureza, utilizando un cuchillo grande, a ser posible de tipo chef, cortas las calabaza eliminando la parte del pedúnculo o rabo.

Tipos de calabazaCalabaza de asar

Verás semillas en su interior mezcladas con hilos vegetales, normalmente de color naranja, aunque otras tienen color más amarillento. Yo elimino todos esos hilos y semillas con una cuchara rascando(algunas las dejo secar para sembrarlas al año siguiente), pero tengo entendido que se podrían utilizar para hacer cabello de ángel. Como no lo sé seguro, no insisto en que lo conservéis. De esta manera vais cortado gajos de no más de 8 centímetros con su piel dura y su carne prieta, limpia de hilos y semillas. A continuación sobre una bandeja de hornear, vais colocando los gajos o trozos de calabaza con la piel hacia abajo. Por temas de limpieza, suele ser conveniente forrar la bandeja con papel de aluminio o papel de hornear (algunos lo llaman sulfurizado). Lo tienes en el supermercado y es conveniente utilizarlo para cubrir los gajos de calabaza y de este modo no se quemarán las puntas o zonas más sobresalientes. Es una auténtica lata tener luego que eliminar esas zonas chamuscadas, además de darle mal sabor y color al puré.

Troceado de calabazas de asar  Calabaza preparada para asar en el horno.

He hecho bastantes pruebas con la temperatura y la que más me gusta es 180ºC y unos 60 minutos. Por supuesto, el horno debe estar precalentado a esa temperatura antes de meter la bandeja. Es una práctica necesaria en cualquier receta de repostería. Debes de tener en cuenta, por ejemplo, cuando hagas un bizcocho que el aire que has introducido al batir los huevos y la harina, tiende a escaparse y por tanto a bajarse la mezcla batida, y si el horno no está precalentado, necesitarás más tiempo para el horneado y durante ese tiempo se te escapará el aire, quedando bastante peor el bizcocho, con muy poca altura, muy “mazacote” como suelo decir yo, sin ligereza.

Una vez que haya pasado el tiempo, con cuidado de no quemarte, saca la bandeja, retira el papel de hornear de encima y comprobarás que ha ocurrido un pequeño milagro: la carne durísima de la calabaza se ha ablandado mucho. Sabrás que está en su punto porque con una cuchara podrás retirar esa pulpa sin problemas, llegando incluso hasta la altura de la piel. Ahí ten cuidado, porque no queremos coger nada de esa piel, que tiene otro color y nos afeará el puré. Si después de ese tiempo, no consigues retirar la pulpa, vuelve a meter la bandeja en el horno y sigue horneando a esa temperatura otros 10  minutos, y así hasta que puedas retirar la pulpa. No creo que necesites más de 60 minutos, pero como cada horno es diferente y la dureza de la pulpa de calabaza también varía, deberás ajustar mi propuesta a tus condiciones reales de trabajo.

Ahora es el momento de retirar la pulpa a un bol, y con paciencia la vamos a aplastando. No debe costarnos mucho esfuerzo, porque estará bastante blanda, como un puré de patata sin agua. Para dejarlo todo bien homogeneizado, conviene pasarlo por el chino o pasapurés, o incluso, si te es más cómodo a baja velocidad, con un brazo mecánico, tipo minipymer. A continuación lo trasladaremos a los recipientes de congelación, o lo reservamos para la receta que viene a continuación.

Como puedes comprobar, es bastante latoso el procedimiento de hacer puré y se pringan bastantes utensilios en la cocina. Por eso suelo llenar la bandeja y aprovechar para hacer más puré del que voy a consumir, o incluso, si empiezan a estropearse las calabazas por el frío, las voy procesando lo más rápido posible. Es normal encontrarse con varios kilos de puré, que no queda otra que congelar o hacer conserva al baño María. Esto último no lo he hecho aún, pero puede ser una  buena idea cuando no dispongamos de mucho espacio en el arcón congelador. Antes lo metía en bolsas de congelar con un peso aproximado de 300 gramos cada una. Ahora aprovecho unos tapers que me pasa mi mujer reciclados y bien lavados a alta temperatura en el lavavajillas. En estos me entran 275 gramos aproximadamente. Os lo comento porque respecto a ese peso tengo calculadas las cantidades del resto de ingredientes.

Preparación del plum-cake o bizcocho enriquecido.

Ingredientes (respetando la proporción respecto al peso de puré de calabaza que empleemos)

  • 275 a 300 g de puré de calabaza de asar (consistente, casi sin agua).
  • 375 a 400 g de harina fina de repostería.
  • 80  a 100 g de mantequilla sin sal.
  • 275-300 g de azúcar. Si puedes, utiliza azúcar moreno.
  • Medio vasito de aceite de maíz o aceite de girasol. Otra opción es usar sólo mantequilla con lo que la cantidad total sería de unos 150 g, pero así queda menos ligero.
  • 4 huevos grandes.
  • 1 sobre de polvos de hornear (Royal es el típico en España).
  • Una punta de cucharadita de sal (si se quiere).
  • Un chorrito de concentrado de vainilla. Lo venden en los supermercado de la marca Vainhé, pero seguro que habrá otras.
  • 150 g de trocitos variados de fruta escarchada o fruta desecada. Yo utilizo una mezcla de arándanos secos, ciruelas secas deshuesadas y troceadas, kiwi desecado que tengo preparado de antes, uvas pasas sultanas sin pepitas, y si tienes a mano, para darle color, cerezas rojas y verdes confitadas, cortadas en cuartos o en octavos.

Empecemos por tanto. Lo primero es poner el horno a precalentar a 180ºC. Nunca debemos olvidar que es lo primero que hay que hacer. Bueno, lo primero es comprobar que no te dejas nada dentro. Como tengo problemas de espacio, suelo tener sartenes dentro del horno y no es la primera vez que me olvido de ellas y luego me llevo un susto.

Mientras se precalienta el horno, procederemos a picar la fruta seca o escarchada y la dejamos aparte. A continuación, pondremos a calentar en un cacito la mantequilla cortada en trocitos, y a poco fuego, para que vaya fundiendo lentamente. En tres minutos estará. En ese momento, la retiraremos del fuego para que vaya templando, y añadiremos el  aceite de girasol y el chorrito de concentrado de vainilla, y lo mezclamos. Lo reservaremos a un lado.

En un bol grande de al menos 3 litros de capacidad, echaremos los huevos con yemas y claras, y el azúcar. Batiremos como si fuéramos a hacer un bizcocho clásico, es decir, que estaremos unos 10 minutos a buena velocidad con la batidora de varillas (la clásica de repostería, que es la que aconsejo tener siempre a mano en la cocina). Sabremos que está terminada cuando haya aumentado su volumen a más del  doble y cambiado su color de amarillento a blanquecino, y cuando empiecen a aparecer surcos , valles y similar en la superficie de la mezcla al pasar la batidora. Hay que tener mucha paciencia en esta fase, es clave para obtener una buena mezcla. Si tienes prisas batiendo, no entrará suficiente aire, y luego se bajará muy rápido el bizcocho, estropeándose todo este trabajo. Insisto, al menos 10 minutos, y si es posible, lleva la cuenta mirando un reloj o con un pequeño reloj auxiliar de coina tipo cronómetro, que cuestan menos de 10 euros. Incluso puedes utilizar el cronómetro del teléfono móvil, pero asegúrate de batir mucho y bien.

Pasado ese tiempo, ya puedes parar de batir, y empezar a verter la mantequilla fundida con el aceite y la vainilla. Lo harás muy despacio, poco a poco, mezclando con la lengua de gato (recomiendo encarecidamente que este utensilio esté disponible en la cocina, incluso dos o tres como es mi caso; siempre hace falta uno limpio cuando menos te lo esperas). Verás que va entrando poco a poco y cogiendo un poco más de brillo, pero no mucho.

Ahora viene el momento de verter el puré de calabaza. Dependiendo de la cantidad de agua que tenga, costará más o menos introducirlo en la mezcla anterior. Ten paciencia y hazlo con la lengua de gato poco a poco. No te fíes, y remueve con cuidado, porque suele costarle entrar y disolverse. Sabrás que lo has conseguido cuando cambie el color de la mezcla, que tomará un tono amarillo bien marcado, e incluso verás ya pequeños trocitos de calabaza asada que quedan incrustados en la mezcla. Es importante también una buena mezcla, pero con cuidado, sin  batir, pero sin perder el aire que hemos metido al comienzo.

El paso siguiente es complicado, y no dejo de insistir en que debe hacerse utilizando una tamizadora. Las venden baratas en el Corte Inglés, en Ikea, en tiendas especializadas, incluso en algunas ferreterías grandes de las pequeñas ciudades. La harina se echa en un plato y sobre ella se echa el sobre de levadura o polvos de hornear Royal. De ahí lo pasamos a cucharadas al tamizador, de modo que en esa operación habremos mezclado bien los polvos de hornear y la harina. Si se quiere, se añade a ello la pizca de sal (yo suelo olvidarme, pero es recomendable). Ahora viene el paso de introducir la harina tamizada en la mezcla. De nuevo con la lengua de gato en la derecha y la tamizadora en la izquierda, se va soltando  harina sobre la mezcla y removiendo con cuidado, procurando que no queden grumos y que se vaya absorbiendo poco a poco. Si la mezcla está ya espesa, necesitará dejar libre la mano izquierda ( o al revés si eres zurdo/a) para agarrar el bol y poder voltear con suavidad la mezcla utilizando la lengua de gato. Describo con precisión el proceso, porque siempre hay tentación de meterlo todo en un robot de cocina y meterle potencia y velocidad. No lo hagas, ten paciencia y vete mezclando con suavidad, para no perder el aire introducido y a la vez, consiguiendo que la harina quede introducida.

Si ves que has terminado la harina y aún está un poco líquida la mezcla (lo sabes dejando la lengua de gato hincada en la mezcla y viendo que se cae hacia un lado con relativa facilidad) añade otro poco de harina, 25 g como mucho 50 g. Si es más, algo habrás hecho mal. Será que el puré de calabaza estaba demasiado húmedo, con mucha agua, porque la calabaza empleada en el puré no era de asar, de carne demasiado blanda (cuanto más blanda es la carne, más agua contiene y peor se adapta a la repostería). Para saber que vas bien, la lengua de gato o la cuchara de madera que estés utilizando debe quedar fija tal y como la hayas  introducido. No te extrañes de que parezca bastante densa. Es una buena señal.

Ya sólo queda introducir la fruta troceada que teníamos reservada. Por eso lo hemos hecho al principio, porque lleva su tiempo trocearla y se nos bajaría la mezcla esperando a este paso. No hace falta envolverla en harina. Os puedo asegurar que con la densidad que ha tomado la mezcla, la fruta escarchada no se hundirá en el fondo del molde. Es más, la que os quede arriba, seguramente se verá arrastrada  hacia arriba y casi seguro que quedará un poco chamuscadilla, formando parte de la corteza del cake. A mí personalmente me gusta, pero si no os parece bien, procurad hundir esos pedazos de fruta ligeramente en la mezcla una vez vertido en el molde.

La preparación de los moldes la hago como es costumbre en repostería: untarla con una grasa, mantequilla o margarina (más barata para estos menesteres) y con un poco de harina, volteamos hasta que quede pegada, eliminando el resto que no haya quedado pegado. Vertermos con cuidado la mezcla. Nos costará un poquito esfuerzo porque la mezcla es densa y cuesta extenderla de manera uniforme. Se llenará como hasta la mitad. Si queremos verlo subir por encima del molde de ese modo exhuberante de las películas y de las fotografías, lo llenaremos ligeramente por encima de 2/3 del volumen del molde. Yo utilizo los moldes de cake, pero también es posible utilizar los de pastel con hueco circular en el centro, que reparten muy bien el calor por todas partes.

Ya es el momento de meterlo en el horno precalentado a 180ºC. Si vamos a utilizar dos moldes, porque la mezcla que hemos preparado ha sido mucha, o porque los moldes eran pequeños, los separaremos un poco, unos 10 cm, para que el calor llegue a todas partes. En una ocasión olvidé separarlos y el horneado no quedó bien en la zona de contacto. Lo tendremos en el horno unos 40 minutos a 170ºC, es decir, un poquito menos para que no suba demasiado deprisa y no se forme una costra o corteza demasiado oscura. Hasta los diez minutos de cocción no veremos que empieza a subir, pero sí que se va uniformizando el aspecto de la superficie, que no quedó igualada por culpa de la densidad de la mezcla.

Como siempre, podremos comprobar que está terminado con una aguja de hacer calceta. Si sale limpia está hecho, pero  me fío más del tiempo de cocción, temperatura y forma de los moldes. Por ejemplo, si utilizamos moldes pequeñitos de tipo magdalenas o financieros, el tiempo de horneado se verá reducido a 25 ó 30 minutos tan sólo, o de lo contrario se nos quemarán las magdalenas. Algunas personas no quieren llamarlas magdalenas, sino muffins…bueno, llámemoslo como queramos, pero debes saber que la receta es la misma, y que el resultado también es extraordinario.

No desmoldes sin haber enfriado el cake o se te romperá. Yo incluso lo saco del molde una vez frío y lo envuelvo en plástico o film transparente de envolver para que no se reseque, si es que te lo vas a ir comiendo poco a poco, porque no quieres compartirlo con nadie…Yo tampoco lo haría, al menos con cualquiera. Que aproveche!!!

Brownies clásicos con nueces y pasas

Cantidades para 16 brownies

Preparación 15 minutos + 60 minutos para enfriarse. Cocción 25-30 minutos.

Ingredientes:

150 g de harina blanca

100 g de nueces

1 cucharadita de levadura en polvo

150 g de chocolate fondant ( de Eroski por ejemplo con 52% de cacao )

180 g de mantequilla

300 g de azúcar refinado

1 cucharadita de esencia de vainilla (si apetece, o de azúcar avainillado).

3 huevos grandes

sal

Precalentar el horno a 180 ºC. Forrar un molde cuadrado de 20 cm de lado con papel de hornear. Tamizar la harina, la levadura ( yo le eché un sobrecito entero creo recordar ) y una pizca de sal en un recipiente de tamaño medio. Fundir el chocolate triturado en pedazos medianos o pequeños y la mantequilla al baño María en un cazo con el fuego muy bajo, mezclando continuamente.

Retirar del fuego y dejarlo enfriar ligeramente. Lo vertemos en un bol grande de al menos 2 litros de capacidad, mejor tres, y poco a poco empezamos a incorporar más ingredientes.

Incorporar gradualmente el azúcar al compuesto ( como está muy ambiguo en la receta, decidí añadir el chocolate y la mantequilla fundidos y algo templados al bol de harina y levadura, mezclando todo. Luego le fui añadiendo el azúcar poco a poco, porque cuesta bastante moverlo a mano (nunca de golpe todo; sSupongo que con un robot de cocina a baja velocidad tipo amasadora podría hacerse más fácil ). Añadir luego la vainilla  ( como no quiero gastar mucho en vainilla, le añado azúcar avainillada y queda poco más o menos igual ). Agregar los huevos de uno en uno, es decir, cascar el huevo, echarlo, remover con la cuchara de palo hasta que esté bien disuelto y así sucesivamente con los dos restantes. Al final, notaremos que la masa empieza a despegarse un poco del bol. Eso es buena señal. Finalmente con un tamizador de muelle(cómpralo si quieres hacer buenos postres con harina. Lo tienes en Ikea por 8 euros) para ir incorporando la harina poco a poco mientras remueves todo. Finalmente añades  los ingredientes secos, sin mezclar demasiado, y terminar finalmente con las nueces trituradas toscamente. ( Realmente, la masa antes de los huevos está muy dura y seca, con lo que el primer huevo cuesta meterse a manita, y poco a poco el resto se hace más fácil. Además de las nueces, yo me molesté en cortar en pedacitos pequeños, en cubitos de medio centímetro o poco más de lado, trozos de calabaza confitada de la que venden en el Corte Inglés, y añadí también pasas secas del tipo Sultana, como unos50 gramosen total, arándanos secos, etc . Toda la mezcla la moví realmente más de lo que decían, porque es bastante espesa, poco fluida en general ). Verter el compuesto en el molde (cuesta bastante porque se pega todo al cucharón de tan espeso y pegajoso) y hornear durante 25-30 minutos controlando la cocción con un mondadientes ( o la aguja de lana de amatxu ). Debe salir seco. Dejar enfriar los brownies ( realmente quiere decir el pastel de brownie ) en el propio molde y sobre una rejilla durante, al menos, una hora antes de cortarlos ( es verdad lo de esperar a que esté  bien frío antes de cortarlos. Además se baja bastante una vez frío. Creo que para que no pase esto de bajarse debiéramos emplear harina de fuerza al 50% mezclado con harina de repostería, de modo que luego se conserve la estructura elevada, aunque perdería algo del aspecto abizcochado. Es cuestión de gustos creo yo. Cuando consiga esa harina, probaré alternativas.)

A todos los golosos y golosas del mundo

BRAZO GITANO

imagen de receta tiramisú
imagen de receta tiramisú

RECETA TIRAMISÚ: VARIANTE BRAZO GITANO

Hace unos meses he inventado una variante interesante de la receta tradicional del tiramisú basándome en el tradicional brazo de gitano, que tiene un bizcocho muy fino. En lugar de rellenarse con la crema típica del brazo de gitano, utilizaríamos la exquisita crema que hemos preparado para el tiramisú, con queso MASCARPONE y finalmente lo enrollamos con mucho cuidado. Previamente habremos emborrachado ligeramente con el preparado de café y licor de Amaretto ( o algún otro al gusto, preferible algo amargo ). Se envuelve finalmente con el resto de la crema sobrante y se adorno al gusto.

Receta clásica del brazo de gitano.

Receta base del tiramisú.